Un buen día y tras varias reuniones, un grupo de amigos, decidimos organizar un viaje al sur de Marruecos, en busca de aventura.
Estuvimos varios días hasta conocer los que podíamos viajar, ya que por diversos motivos, hubo quien se tuvo que quedar.
Al final, quedamos 5 coches, los cuales una vez diseñada la ruta que con mi experiencia adquirida en abril del mismo año, ayudé a definir.
Los aventureros fuimos:
Ø Antonio y Felix con un Nissan Patrol GR
Ø Ernest y Carles con un Mitsubishi 3000 V6 (tamagochi)
Ø Pere y Guillem con un Toyota HDJ 80
Ø Pep y Adrià con un Land Rover Defender
Ø Jordi y Josep con un Toyota HDJ 100
La experiencia en este tipo de viajes, era mas o menos del 50%, es decir algunos ya nos habíamos iniciado y para otros era la primera vez.
1r día
Partimos de buena mañana, de la ciudad de Reus, rumbo a Almería, para embarcar en el ferry que nos llevaría al continente Africano.
El primer tropiezo, debido al temporal reinante en la zona, el barco ha cancelado su salida. Nos quedamos en tierra, hasta nuevas noticias.
Como en Almería tenemos a un buen amigo, Diego Roca Silva y su familia, nos vinieron a buscar y nos proporcionaron alojamiento en un Hotel de un pueblo cercano. A la mañana siguiente y mientras esperábamos que llegara la noche, diego nos llevó de ruta por la zona, para hacer mas pasajera la espera.
Se acerca la noche, y con los nervios nos dirigimos hacia el puerto, donde esta vez si está el barco a punto de zarpar. Embarcamos, cenamos y a dormir, al día siguiente, nos espera una larga etapa de carreteras Marroquíes hasta llegar al el desierto.
2º día
Pisamos suelo Marroquí, efectuamos los trámites fronterizos y salimos rumbo al sur.
La etapa es larga y monótona, kilómetros y kilómetros de interminable asfalto. Hasta llegar ya de noche a la población de Tinerhir, donde acampamos en el camping municipal. Esta noche mi copiloto Josep, no puede pegar ojo, debido al frío que tiene dentro de su tienda y saco no muy aptos para las bajas temperaturas.
3r día
Amanece el tercer día de viaje, y lo primero que hacemos es acercarnos al mercadillo de Tinerhir, a comprar un par de mantas, para Josep. El visitar un mercadillo en este país, es todo un espectáculo, se puede encontrar de todo. Una vez finalizada la imprevista compra, tomamos rumbo hacia Boulmane Dades, donde iniciamos la primera etapa por pista. El objetivo, es cruzar la cordillera del Shagro, por una ruta muy poco transitada. Tras un pequeño error de navegación, retomamos la pista correcta. Esta asciende por unas montañas, que nos deparan unos paisajes sencillamente espectaculares.
Al doblar una curva de la pista, encontramos a un pastor que nos hace señas para que nos detengamos. Paro el coche, y el hombre se acerca con una sonrisa a saludarnos y darnos la bienvenida. Después de una pequeña charla (medio en francés medio español….), nos pide si tenemos un mechero para darle. No fuma, pero para poder encender fuego para calentarse en ese frío paraje le vendría muy bien. Yo que soy fumador, le regalo un mechero bic. La cara de alegría y satisfacción, no se puede expresar con palabras. A mi copiloto Josep, esa imagen se le ha quedado gravada en la retina para siempre. No hay vez que nos sentemos a charlar de Marruecos, en la que no salga el pastor y su mechero.
Ya al medio día y en lo alto de la montaña, decidimos parar a comer. Se nos acercó una joven pastora, a la cual colmamos de regalos, ropa, zapatos, gafas de sol, etc… La chica parecía flotar en una nube. En su vida había visto tanta ropa junta. Tras mil y un agradecimientos, continuamos la marcha por unos valles preciosos, que a nadie se le ocurre pensar que están en Marruecos, todos coincidimos en que parecen montañas del Cañón del Colorado en EEUU. De repente se solicita por la emisora una parada técnica, el Patrol de Antonio ha pinchado. Una de sus enormes BF Goodrich, en tamaño 35”, ha sufrido un encuentro con una rebelde piedra y está perdiendo aire. Rápidamente con un kit de reparación, solventamos el segundo pinchazo de este coche. Queda demostrado que una rueda de 12,5” de ancho (equivalente a una 315) no es la mas adecuada para terrenos pedregosos.
Continuamos el descenso por lugares maravillosos, en los que Josep, experto fotógrafo, se harta de tomar fotos para la posteridad. Va anocheciendo, y de nuevo retomamos el odiado asfalto, rumbo a la población de Foum Zguid. Llegamos ya de noche, con la sorpresa de que no hay camping ni plazas en un minúsculo hotel. Solución¡¡¡¡¡ acampar a las afueras del pueblo, ya en las puertas del desierto. Montamos el campamento, cenamos, tomamos unas copas y comentamos el día vivido y la etapa siguiente. El frío empieza a apretar y nos vamos a dormir.
4º día
Tal y como acordamos, nos levantamos sincronizados con el sol. Amanece un radiante día con una nueva sorpresa, el coche de Pere ha dejado una pequeña mancha de aceite en el suelo. Tras observar minuciosamente su origen, detectamos que el tubo de entrada de aceite al turbo, tiene una pequeña fisura, lo cual nos obliga a realizar una visita al mecánico del pueblo.
El taller es digno de ver, piezas de todos tipos esparcidas por el suelo, grasa y aceite por doquier, pero el hombre se acerca al coche, observa el problema y con una sonrisa de oreja a oreja nos dice: “no problem”. Pone manos a la obra, desmonta la pieza, se le acompaña a otro taller, donde con un soldador de autógena le repara la fisura y “voila” solucionado. Pero falta la junta de cartón que se ha roto al sacar la pieza….. De nuevo la sonrisa y la frase “ No problem” entra en el taller, coge una caja de galletas, recorta una junta y el motor del HDJ 80 vuelve a rugir. La factura de la reparación, creo recordar que fue de 20 €. En españa probablemente tras sustituir la pieza hubiera sido de 400 €.
Ya a las 12 del medio día, emprendemos la incursión al desierto. Nos adentramos por unas inmensas llanuras de acacias espinosas, el ritmo es alto, llevamos un día y medio de retraso. Después de detenernos en un control militar, enlazamos con la pista del Dakar, perfectamente señalizada con unos montones de piedras que marcan la zona de paso. La pista es rápida, lo cual nos permite avanzar unos buenos kilómetros. El hambre aprieta, por lo que bajo la raquítica sombra de unas acacias, nos detenemos a hacer un tentempié. Hay que seguir avanzando. Al atardecer, llegamos al lago Iriki, donde nos da la sensación de estar en la Luna o Marte. Una inmensa llanura polvorienta en la que alcanzamos velocidades de 120 Km/h. En este lugar hay que tener especial precaución, de no dar volantazos ni cruzarse con los otros coches, ya que el terreno es blando y un giro un poco brusco puede hacer volcar el vehículo, y no sería el primero¡¡¡.
De frente, nos topamos con las primeras dunas del Erg Chegaga. El paisaje al atardecer con el contraste del rojizo de las dunas, el negro de las montañas y el azul del cielo, nos brinda un escenario difícil de olvidar.
Tras negociar las primeras dunas, se produce el primer atasco, el coche de Pere, debido a que no ha bajado la presión de sus neumáticos, queda atrapado en la arena. Con el cabestrante de Antonio, lo amarramos y en dos minutos estamos de nuevo en marcha.
Va cayendo la noche, y propongo buscar un lugar entre las dunas para montar el campamento, donde pasaremos la noche.
En una pequeña llanura, rodeada de altas dunas, decidimos acampar. Sacamos todos los enseres para preparar la cena, y manos a la obra. En pocos minutos el olor a comida recién preparada, nos hace crecer la saliva, por lo que una vez montadas las tiendas y sin mas dilación, empezamos a cenar.
Tras la cena y en una larga sobremesa bajo un manto de estrellas impresionante, comentamos la etapa del día siguiente, que promete ser dura. Hay que recorrer unos 400 km. ya que tenemos una reserva en el conocido hotel Xaluca, de Erfoud.
Decidimos por unanimidad levantar el campamento a las 4 de la madrugada, por tanto a dormir¡¡¡.
5º día
Reinando todavía la noche levantamos anclas y empezamos a vivir una nueva experiencia, conducir de noche por las dunas. En nuestro recorrido nocturno, avistamos algunos animales moradores del desierto, lo cual añade aliciente a la etapa.
El sol empieza a iluminarnos con sus primeros rayos, cuando ya estamos saliendo de las dunas. Se inicia una zona de largos cordones de arena, que son muy divertidos de sortear. Unos coches arriba, otros abajo, ahora los ves, ahora no los ves y así un buen tramo.
Se termina la arena, nos detenemos a subir presiones y de nuevo nos encontramos sobre una pista marcada y bien pedregosa.
El sol ya ha tomado todo su esplendor, y la temperatura va subiendo poco a poco. Pasamos de tan solo 4º al amanecer, a 24º a las 12h del medio día.
Rumbo a M’Hamid, avanzamos por una entretenida pista muy arenosa, con alguna que otra trampa que son salvadas perfectamente por todos los vehículos.
Llegamos a M’Hamid, como no puede ser de otra forma nos reciben innumerables niños pidiendo caramelos, bolígrafos, etc… Dos de ellos se encaraman a mi rueda trasera y nos dicen hacer de guía, para salir del pueblo en una calle totalmente recta sin pérdida posible, pero bueno cualquier excusa es buena para ganarse un par de bolis y una camiseta.
Enlazamos con el asfalto, para llega a Tagounite, donde se encuentra la gasolinera para rellenar los depósitos de combustible.
Es hora de comer, pero como todavía nos queda mucho recorrido de nuevo pegamos dos bocados sobre la marcha en la misma gasolinera.
Carles, que se encontraba mal, propone seguir hasta Erfoud por carretera. El traqueteo de la pista no le sentará nada bien a su estómago, por lo que decidimos hacer una división del grupo y dos coches se van por asfalto, y los otros tres por pista. Nos despedimos hasta la noche y al ataque¡¡¡¡
Salimos Pere, Josep y yo por la pista que lleva dirección a Merzouga. A los pocos kilómetros la pista se convierte en un infernal pedregal que nos obliga a avanzar a no mas de 15 o 20 Km/h. Es un tramo corto pero se hace eterno.
Finalizado el tramo castigador de mecánicas, avanzamos por una pista medianamente rápida hasta llegar a un punto en el que dudamos por donde pasar. Hay un pozo de agua y un puesto militar en lo alto de una colina. La pista parece llevar directa al puesto, por lo que decidimos salir campo a través y retomar la pista mas adelante con la intención de arañar unos minutos.
Enlazamos de nuevo con la pista y se hace un poco mas rápida. Vamos acelerando el ritmo, empieza a atardecer y queda mucho recorrido.
Abordamos unas inmensas llanuras, las cuales permiten rodar a ritmos verdaderamente elevados, aunque distanciados un buen puñado de metros ya que el polvo que se levanta es impresionante.
Entramos en una zona, en la que el polvo existente frena el vehículo de una forma increíble. El motor ruge con todas sus fuerzas y dejamos una estela parecida a la de un reactor en el cielo.
La noche se apodera del desierto y nosotros seguimos avanzando a un ritmo claramente inferior. Llegamos a las inmediaciones de E Remlia, donde encontramos a un coche que se le había salido una rueda. Les ofrecemos ayuda, pero ya están sus compañeros en camino y nos dicen que no es necesario.
Empezamos a ascender por una colina llena de arbustos que hay que ir sorteando, entramos y salimos de unas bañeras con mas de medio metro de polvo. Cuando el morro del coche entra en algunas de ellas, los faros dejan de alumbrar ya que se entierran literalmente en el polvo, otra grata experiencia que nos toca vivir.
Ya en lo alto de la colina, entramos en el pueblo. Dos guías espontáneos se ofrecen para guiarnos hasta Ouzina, dicen ir en esa dirección con una pequeña moto. Se ponen delante y sorpresa creando que nos iban a entorpecer la marcha, aquella pequeña motocicleta con dos personas encima, se nos perdía, a penas le podíamos seguir el ritmo. Al llegar a Ouzina, se detienen frente a un albergue llamado Kasbah Ouzina, donde dicen que nos dejan. Nos piden dinero para gasolina y algo de propina, con lo cual deducimos que no se dirigían a Ouzina, sino que nos acompañaron por ganarse unos pocos dirhams. Se los damos y a seguir ruta. Son las 20 h y emprendemos la marcha hacia Taouz, donde ya llega el asfalto. Nos quedan unos 120 Kms. hasta Erfoud, por lo que aligeramos el paso. A las 21:30 h. llegamos al Hotel Xaluca, llenos de polvo y con un notable cansancio en nuestros rostros. Han sido 18 horas de incesable conducción, aunque Sarna con gusto no pica….. Nos reunimos con el resto del grupo que ya llevaban horas en el hotel, duchados, perfumados y afeitados nos ponemos a cenar, y narrar las experiencias del demoledor día.
6º día
Amanece un nuevo día, ya bien dormidos y repuestos del día anterior, iniciamos una nueva etapa con salida y vuelta al hotel. Son 120 km. de un bucle ya conocido por mi, pero que no me cansaré de repetir una y otra vez.
Salimos del hotel y tomamos casi en las puertas de éste, la pista que nos ira adentrando en las extensas llanuras desérticas de la zona. Es un recorrido agradable, el cual permite contemplar diversos paisajes pintorescos, desde acantilados inmensos de roca, hasta pequeñas dunas de fina arena, pasando por supuesto, por extensas llanuras que incitan a pisar el acelerador. Ya a la hora de comer llegamos a un oasis, allí desplegamos la logística que llevamos en nuestros coches y nos ponemos a comer. Casi finalizando, aparece un nómada con su burrito y un niño de corta edad. Nos saluda amablemente, y en el pozo del oasis, llena las garrafas de agua que acarrea el sufrido burrito en su lomo. Al regresar, le ofrecemos unos regalos para el niño, y le damos comida que nos va a sobrar debido a ser el último día de estancia en el desierto. El hombre dando brincos de alegría, nos invita a tomar el té en su haima instalada a pocos metros del oasis. Nos acercamos allí y nos ofreció un exquisito té y cacahuetes tostados. Le dimos mas comida y ropa que llevábamos. La cara de felicidad de aquella familia es indescriptible. Tras pasar un agradable rato en su “casa”, el sol se iba poniendo en el horizonte. Es hora de levantar anclas y regresar al hotel. En el recorrido de regreso, por un inmenso río de arena, creo que todos nos cuestionamos ¿Qué es la felicidad?.
7º día
De nuevo amanece en el desierto, hoy toca desplazarse al conocido Erg Chebbi. Salimos del hotel, dirección a Merzouga, donde vamos a pernoctar esta noche. Después de descargar parte del voluminoso equipaje en el hotel, nos adentramos en las primeras dunas. El primer contacto, es positivo, la arena está bastante compacta y nos permite circular sin problemas. Pasamos la mañana subiendo y bajando dunas, cada vez con mas confianza. De repente el Defender de Josep desaparece, ¿dónde está?. Se había metido dentro de un inmenso hoyo entre dunas. Parecía un ratón atrapado en una trampa. No paraba de dibujar círculos en la arena, intentando salir de aquel inmenso cráter. Tras múltiples intentos, decidimos eslingarlo para poder salir del atolladero. Ya sabemos otro sitio donde no hay que meterse…..
Al cabo de un rato, nos topamos con la bautizada “Duna imposible”, una enorme ladera de arena que intentamos subir, sin conseguir tan solo llegar a la mitad. Cuando ya lo habían intentado de todos modos, me decidí ha probar suerte. Retrocedo marcha a tras para coger impulso cuando de repente noto que mi pesado coche empieza a inclinarse hacia el lado derecho……….. ¿Qué ocurre? Detengo la marcha y me doy cuenta que he caído en otra trampa. ¡Rayos, truenos y centellas! No he visto el agujero y el coche ha quedado en una comprometida posición. Oigo: ¡ni te muevas!. El amigo Ernest me advierte del riesgo y me eslinga con su Tamagochi. Ummm parece ser que no va a poder. Aparece Antonio con su Gr y con el winch, me engancha por el morro, mientras Ernest me sujeta la trasera. En una coordinada operación, salgo de la comprometida situación. “UFFF que calores hace aquí……”
Seguimos deambulando por las dunas y se hace la hora de comer. Nos acercamos a un famoso albergue donde comemos, por cierto bastante mal. Allí conocemos a un pequeño grupo de Valladolid, los cuales están decididos a subir con sus coches a la gran duna. Algunos de ellos eran verdaderos expertos en la arena, por lo que no despreciamos su invitación de seguirles hasta allí.
Salimos en caravana rumbo a una inmensa mole de arena. Al llegar al pie de la duna, empieza la ascensión. Hay que circular en paralelo a la pendiente, ascendiendo ligeramente. La arena está muy suelta y los vehículos sufren de lo lindo. Los motores entregan su máxima potencia apartando la arena que dificulta el avance. Poco a poco y de uno en uno lo vamos consiguiendo. ¡¡¡ Estamos en lo alto de la gran duna!!!. El paisaje que se nos ofrece, es increíble. Un inmenso mar de arena salpicado por infinitas sombras proporcionadas por el sol del atardecer. Todo aquello nos deja boquiabiertos, la vista desde allí arriba no se puede describir con palabras, hay que vivirlo.
Una vez fotografiado todo aquel inmenso paisaje, decidimos descender. ¿Por dónde? ¿Por ahí?. Esta fue la pregunta de todos. Un inmenso tobogán de arena que en un principio, nos hizo dudar…. ¿No será mejor regresar por donde hemos venido?. Pues ¡NO! Iniciamos uno a uno el vertiginoso descenso, el suelo se deshace a nuestro paso, nos da la sensación de ir flotando. Encadenamos dos fuertes descensos y ya estamos abajo, ¡ Qué lástima! Ahora que empezábamos a disfrutar, se ha terminado. El sol ya apenas ilumina nuestro recorrido, las dunas empiezan a desaparecer en la sombra de la noche. Salimos rápidamente del lugar y nos dirigimos al hotel, donde saboreando un buen té ala menta, comentamos y recordamos la ventura vivida sobre las arenas del Sahara.
8º día
Con el amanecer, algunos nos levantamos para contemplar el espectáculo que representan las dunas con los primeros rayos del día. Todo aquello queda impreso en nuestra memoria para siempre.
Es hora de regresar. Tras cargar los coches con todo el equipaje, emprendemos el camino de regreso a Nador, donde debemos tomar el barco que nos devuelva a la realidad. Han sido unos maravillosos días de convivencia y compañerismo sin igual. La experiencia del desierto nos ha hecho recapacitar mucho sobre nuestro ajetreado modo de vida, y de nuevo la pregunta ¿Qué es la felicidad?...........
Agradecer a todos los compañeros de viaje su gratificante compañía y como no a mi sufrido copiloto Josep, que ha soportado estoicamente los casi 5.000 km. recorridos.
¡¡¡HASTA LA PRÓXIMA!!!
Xordi
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