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Prueba: Volkswagen Crafter 4Motion

Con bloqueo de los tres diferenciales

Hemos estado en la presentación de la gama Volkswagen de vehículos comerciales equipados con el sistema de tracción 4Motion, donde tuvimos la ocasión de conducir un vehículo muy especial: el Crafter 4Motion. El Crafter es un vehículo industrial grande, muy grande, cuya gama se divide en varias categorías de peso diferentes (3,0, 3,5, 4,6 y 5,0 toneladas) y cuenta con tres tipos de batalla: corta (3.250 mm), media (3.665 mm) y larga (4.325 mm). También tiene cinco versiones de carrocería: Crafter Kombi (hasta 9 plazas), Crafter Mixto (5 plazas y carga), Crafter Furgón, Crafter Plataforma y Crafter Chasis (con cabina simple o doble).

Hasta aquí todo normal. Pero Volkswagen ha equipado al Crafter con la tracción 4Motion de Achleitner, un especialista austriaco en tracciones integrales. El 4x4 de 4Motion funciona con un diferencial central que reparte la tracción, pero en el caso del 4Motion de Achleitner contamos también con un bloqueo al cien por cien de los tres diferenciales (central, trasero y delantero), con lo que la capacidad de tracción es increíble. No acaba ahí la cosa, ya que tras pasar por las manos de Achleitner, al Crafter se le han modificado las suspensiones delantera y trasera (de eje rígido) montando muelles reforzados, amortiguadores progresivos y barras estabilizadoras modificadas. El Crafter gana 25 cm en altura de carrocería con respecto al suelo. El precio de esta transformación es de 19.995 euros, con la que queda un vehículo muy adecuado para trabajos fuera del asfalto, o como excelente base para hacer un motor home con el que poder dar la vuelta al mundo sin problemas. Todos los Crafter 4Motion están equipados con el motor 2.0 biturbo de 163 CV y 400 Nm a 1.800 rpm.

Pero llega la hora de conducirlo, lo que es una experiencia increíble. La posición de conducción es muy cómoda y muy alta, se ve muy bien. Sólo le sacamos un “pero”, que es que al ocupante del asiento central, de los tres disponibles en las plazas delanteras, le íbamos dando en la rodilla cada vez que insertábamos la sexta velocidad de la caja de cambios. Una vez en caminos, sólo el tamaño supone un inconveniente, ya que rueda por pistas sin ningún problema y su buena altura al suelo le permite pasar sin complicaciones por pistas rotas, incluso muy rotas. Aunque la cosa fue a más al llegar a una zona de subidas, bajadas y zanjas que Volkswagen había preparado para probar los vehículos de la presentación. A la primera subida se entraba girando, haciendo cruce de puentes, y como el Crafter tiene poco recorrido de suspensión, se quedaba detenido con una rueda en el aire. Pero aquí llega la magia de los bloqueos: primero el central y luego el trasero, que se engrana emitiendo el característico sonido del compresor “soltando” aire. Primera corta, puntita de gas, el Crafter sube como si nada y nos había “sobrado” el recurso del bloqueo del tren delantero. La verdad es que ahora que se llevan cada vez más los sistemas electrónicos de control de tracción, se nos ha olvidado lo bien que funcionan los bloqueos manuales al cien por cien. Es todo suavidad y efectividad a la hora de superar los obstáculos.

El siguiente reto eran varios agujeros en los que el Crafter va haciendo cruces de puentes con levantadas de la rueda trasera de más de un metro. Es una sensación curiosa ir conduciendo tan alto (una persona puesta de pie queda por debajo de la ventanilla), pasando a muy baja velocidad agujeros enormes mientras la furgoneta se va inclinando a un lado y a otro al pasar los obstáculos con total facilidad.

Después de repetir el circuito tantas veces como nos dejaron (“Hay que ir a comer”, dijeron los monitores de VW para “echarnos”), volvimos a probar la magia de los bloqueos. Uno de los monitores era un bien amigo, Nacho Ruiz de Autorescate 4x4, que nos avisó que en la pista de vuelta encontraríamos una curva a derechas en subida y con escalón, que además tenía el suelo muy suelto (arenoso) y con un árbol en el interior que no te permitía hacer el giro a tu gusto, con lo que nos recomendaba mantener la reductora puesta hasta ese punto. Pero como ser “obedientes” es una palabra que no sale en nuestro diccionario, optamos por ir en largas para poner las cosas más difíciles… A mitad de una larga cuesta nos encontramos el giro, que, la verdad, al verlo nos dimos cuenta que pintaba mal. Con una rueda del tren trasero en el aire y una delantera hundida y patinando en la arena, nos quedamos detenidos. Tenía que pasar. Un intento con las cortas puestas y dejando que actuase el control de tracción tampoco tuvo los efectos deseados. Había que evitar a toda costa el “te lo dije” que Nacho nos iba a soltar. Así que sólo quedaba apretar los botones mágicos de los bloqueos y el Crafter se puso otra vez en movimiento como si nada. Mola.

Ya sólo quedaba completar el resto del camino de vuelta disfrutando de la conducción del Crafter y con una idea repitiéndose en mi cabeza una y otra vez: “Yo, cuando sea mayor, quiero tener uno de estos”.

Nacho Salvador
Imágenes: Volkswagen
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