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Grandes expediciones en 4x4 por el Mar de Bering

La unión de dos continentes en una de las travesías más duras del planeta

El estrecho del Mar de Bering entre Siberia y Alaska, ha sido tradicionalmente punto de paso para las expediciones que pretendian cruzar el continente americano y el euroasiático. Ya en los albores de los grandes rallys transcontinentales, los participantes o viajeros que llegaban a ese punto del planeta preferían embarcar sus monturas  antes de cruzar los 85 kilómetros de mar helado que separaban ambar orillas. Las temperaturas extremas y el considerarla una de las zonas más inaccesibles de Siberia, era motivo suficiente para hacer desistir a la mayoría.
 
Aunque no a todos.
En los últimos años hemos visto varias expediciones que lo intentaron, pero con desigual presupuestos y resultados y no siempre acorde a las expectativas que habían creado. Una de ellas las del equipo británico del ganadero Steve Burgess, de Yorkshire, y el fabricante de jaulas de seguridad, Dan Evans, que lo consiguieron en 2008 con un Land Rover Defender Tdi con varios años a sus espaldas y bastantes kilómetros. El recorrido partia desde el Cabo de Buena Esperanza en Sudáfrica hasta llegar al Cabo de Hornos, en el extremo sur del continente americano. Integramente por tierra, salvo un trozo de 85 kilómetros de mar helado.
Casi sin publicidad, el granjero ideó unos grandes flotadores para acoplarlos a su Land Rover Defender una vez llegado al mar. Antes, el equipo se tuvo que enfrentar al cruce de las cordilleras heladas de Magadan y equiparon al Defender sustituyendo sus neumáticos por unas orugas fabricadas por Evans, Protection & Performance Ltd. El vehículo fue escoltado en el tramo final por un vehículo polar ruso que tuvo que remolcarlo en zonas de nieve virgen. La velocidad es de unos 30km/h pero consiguen llegar al punto donde le instalan los grandes flotadores que han llevado consigo.
 
En la toma de fuerza del defender montan un gran cardan con la hélice que les propulsará en el agua. Además, un timón hidráulico accionado desde la caja les llevará en la direccción correcta. Pese a que la travesía es un poco movida, por culpa del oleaje, el Defender se desenvuelve bastante bien en el mar y consigue su objetivo, no sin antes tener que esperar todo un mes en la pequeña isla de Little Diomede, ya en territorio americano, a que el tiempo mejorara, ya que el mar picado impedía el avance. Con la infraestructura justa, pero muy bien planificada, el equipo había logrado su objetivo. 
La otra cara de la moneda fue la expedición Transcontinental  París-New York del alemán Matthias Jeschke el año 2009. Tres Jeep Wrangler V6 3.8 con el apoyo directo de la marca y pertrechados con material de última generación en cuanto a medios de rescate, telecomunicaciones y equipamiento off road. La diferencia con el equipo inglés, aparte del presupuesto, es que Matthias y su equipo intentaron cruzarlo unos meses más tarde, cuando el estrecho debía de estar congelado casi por completo y utilizar el equipo de navegación sólo es caso de necesidad. Los Jeep V6 3.8 estaban preparados de tal forma que contaban, al igual que el Land Rover Defender, con unos grandes flotadores acoplados a los lados del vehículo y propulsado por motores fuerabordas manejados desde el interior del Jeep.  El coste por vehículo, sólo de la preparación, ascendía a unos 116.000 euros. En total el equipo de Mathias llevaba un presupuesto de tres millones de euros.
Ejes Dana 60 Dynatrac, grupos de relación 5:38, Body Lift de 7 cm, diferenciales Detroit Locker y, para culminarla, una súper reductora 6:1. De los tres coches, sólo uno conseguía llegar a la orilla de salida, aun en Siberia, con solo la tracción delantera funcionando y arrastrando el eje trasero cual animal herido. El intento de llegar sin orugas, unido a la enorme carga de los carisimos flotadores que no llegaron ni a estrenar, hizo que los ejes reventaran y sufrieran enormes dificultades. Llegaron a estar a -51º. La expedición fue un fracaso.
Otro intento fue la expedición italiana "Beyond the Edge", pero al contrario que las dos anteriores, ésta tenía como punto final el estrecho de Bering, después de atravesar toda Siberia en pleno  invierno. 
 
Estos 85 kilómetros de mar, pueden ser, junto al Tapon del Darien entre Panama y Colombia, dos de los "puntos negros" que seguiran atrayendo a viajeros y expedicionarios, esperemos, durante muchos años, mientras que el ser humano no decida poner punto final en forma de puente, tunel o carretera y soñadores con sus locos cacharros intentandolos cruzar.
Juan Pedro Ponce
Imágenes: Agencias, Archivo,
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