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¿ EL FIN DE UN MITO ? El último Land Rover Defender

Muchos son los obstáculos y escollos que ha superado este vehículo tan peculiar y querido por muchos de nosotros a lo largo de sus casi siete décadas de historia. Kilómetros de caminos embarrados, grandes rocas, ríos y enormes cordones de dunas han sido franqueados sin apenas despeinarse; pero la dificultad de la burocracia y la modernidad han conseguido llevar al Defender a su fin.

 

El fin de un ciclo. El fin de una leyenda.  A los puristas de este mundo se nos cierra otra puerta para practicar nuestra afición a un precio razonable. Otro mítico vehículo pasa a engrosar la larga lista ya de modelos obsoletos. Pero no caerá en el olvido como  tantos otros. Muchos son los seguidores acérrimos a este peculiar modelo tan espartano y tosco como en su primer día de vida plasmado en sus tuercas y paneles de aluminio en el HUE 166, matrícula con la que salió el primer Serie 1 de la factoría de Solihull. De formas rectilíneas más propias de un castillo medieval, duro e incomodo como una piedra y con la aerodinámica de un ladrillo, el Defender ha tenido más simpatizantes que detractores, convirtiéndose en una forma de vida entre muchos de los aficionados.

 

 


 Sin apenas recursos - Cuando los hermanos Wilks en 1947 tienen la idea de crear un vehículo a medio  camino entre un tractor y  un utilitario de la época con los precarios medios de que disponían en una Europa destruida pocos años atrás por el horror de la Segunda Guerra Mundial, no imaginaban que iba a despertar tantas simpatías e iba a tener una longevidad de casi siete décadas. El pequeño Serie 1 salido de aquellas ideas y montado sobre un chasis del conocido vehículo militar, el Jeep del ejército norteamericano, sobre el cual se le monta un motor gasolina de 1.6 con una caja de cambios y un eje trasero originarios de la firma británica Rover; sin concesiones al lujo y al confort y con la sencillez y la robustez de una herramienta de trabajo.
 
En pocos años tras su salida al mercado en 1949 se consolida  entre campesinos, gente de campo, militares y profesionales de servicios y rescates que necesitaban de un vehículo de esas características.  La gran cantidad de demanda y el hecho de que fuera un modelo único en su especie, tan solo rivalizado en América y Asia por Jeep y Toyota respectivamente; hacen que Land Rover autorice bajo licencia a fabricar su modelo a las firmas Italiana Minerva y a la Española Santana. Una constante pero discreta evolución a nivel mecánico que iba mejorando sus aptitudes a lo largo de los años, la incorporación de chasis más largos de batalla pero con la espartaneidad  de los primeros días lo van consolidando como un vehículo peculiar, único y muy característico que despierta tanto simpatías como horrores entre los usuarios.
 

 

 

Última evolución. - No es hasta 1983 cuando evoluciona hasta las primeras series del conocido Defender, cuando aparecen los One Ten y Ninety (110 y 90) de chasis con una suspensión por muelles y frenos de disco. Lo demás poco cambia de aquella primera unidad fabricada en la empresa británica. Un puesto de conducción incomodo al estar desplazado hacia un lado los pedales y el volante con respecto al centro del asiento, un salpicadero espartano y la falta de detalles y confort de marcha tanto para el conductor como para los pasajeros siguen presentes hasta el fin de sus días, camuflado en la última evolución de 2007 con una mejora de los asientos, un cuadro algo más elegante y con salidas de aire en los lugares indicados y un cambio de propulsor. ¿Lo demás?, como si fuera ayer mismo aquel día de 1947 en que nació una leyenda.

El mito vive.- Agricultores y profesionales del  rescate, taxistas de montaña, bomberos y militares y como no, los más aventureros han sido el público que más ansiaban un Defender. Muchos de nosotros tenemos en nuestra mente la imagen del Camel Trophy en la que un aventurero con una cinta en el pelo se abría camino entre el barro con el cable del winch en la mano colina arriba tras la que se encontraba un Defender con una enorme baca en el techo mientras otros franqueaban un rio con agua hasta el techo tras este. Pero no todo es oro lo que reluce. Entre los más puristas y entusiastas son conocidas las holguras y averías en transmisiones, cajas de dirección y en cajas de cambios que llevaban a una extraña relación “amor odio” entre los usuarios y su vehículo. No en vano la fiabilidad de sus motores de sobras es conocida entre todos. Esto que puede resultar extraño para muchos, el hecho de que a veces se esté más tiempo debajo que encima del coche, que al arrancar el motor muchos de los propietarios lo movieran unos metros para comprobar las tres manchas de aceite en el suelo (diferencial delantero, transfer y diferencial trasero) y de esta forma saber que todo está bien y que hay valvulina en su interior; cosas como esta lo han convertido en un “modo de vida”. En cualquiera de sus configuraciones posibles en sus tres largos de batalla se han usado y todavía se usan desde vehículos para trial extremo a auténticos campers para las expediciones más largas por terrenos inhóspitos. Además la sencillez y austeridad de su interior así como sus formas rectilíneas hacían bastante fácil el incorporar elementos y gadgets de todo tipo aprovechando al máximo todo el espacio.
 

 

 


En cuanto a sus aptitudes TT poco a decir que no sepamos. Unos recorridos de suspensión envidiables unidos a un sistema de tracción permanente con un diferencial central bloqueable, un par motor elevado a bajas revoluciones y un chasis robusto pero flexible a la vez hacían del Defender una auténtica máquina de franquear obstáculos. Copiaba el terreno a la perfección por donde pasara.
Hasta la llegada del motor Td5 en 1999 y la consecuente incorporación de la electrónica entre sus tuercas, la sencillez del Defender hacia que se tratara de un vehículo fácil de mantener limpio tras una expedición, ya que con la misma manguera con que se limpiaba el exterior se podía hacer el interior. Tan solo se tenía que tener la precaución de dejar las puertas abiertas con la finalidad de no convertirlo en una pecera, aunque las juntas de las puertas tampoco cerraran del todo bien.
Un vehículo muy querido entre muchos de nosotros, todo un compañero de viajes que ha visto en los tiempos modernos el fin de sus días. No en vano quedan muchas unidades en circulación y quedaran. Son de esos vehículos que pese al paso de los años seguirán acompañándonos en nuestros viajes y aventuras, en expediciones desérticas, en los caminos más embarrados del mundo. Un icono del todoterreno que pese a los años y los kilómetros en sus tuercas siempre estará ahí. 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
Josep Pujol
Imagenes: Archivo