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Fernando "Buffalo" Gil

11 participaciones en el Dakar

Fabricante: Fernando Gil
Tipo: Buffalo Gil
Dificultad: En Barcelona 1956
Derechos de inscripción: www.stuntdriver.es
Organización: 11 participaciones en el Dakar
Aunque, por el tiempo que ha pasado, parezca mentira, yo también fui chiquitín. Nací en Barcelona en 1956, pero fui urbanita pocos días, pues el domicilio familiar estaba en Riudabella, una finca rural situada en el municipio de Vimbodí (Tarragona), donde todavía resido.

Mi infancia fue muy, muy rural. No podía ser de otro modo, pues crecí junto a mis cinco hermanos en medio del campo, y siempre nuestro mejor juguete fue lo que nos ofrecía el entorno. Así, y con la supervisión de nuestros padres, aprendimos a aprovechar, disfrutar y respetar la naturaleza, con un nivel de libertad que sería impensable hoy en día.

Como dato, diré que escuché de labios de mi padre la palabra ecología, su significado y su importancia mucho antes de que estuviera de moda, y, por supuesto, muchísimo antes de que apareciesen los grupos ecologistas.

A los 10 años, mi padre nos regaló, a mi hermano Pedro y a mí, por navidad, un PTV –pequeño coche, poco mayor que un Biscuter, fabricado en Manresa, con motor dos tiempos de 250 cc y tres velocidades- que él mismo restauró tras comprarlo en un desguace.

 

¡El mejor regalo del mundo! Con él descubrimos el placer de conducir, y, ya que, lógicamente, teníamos prohibido salir a la carretera, convertimos los caminos de los alrededores en auténticas pistas de carreras. Mis primeras sensaciones al volante, lejos de lo que suele ser habitual, fueron sobre las inestables pistas de tierra, lo que me dio, de raíz, el feeling del derrapaje , del control en situaciones complicadas, de los saltos, etc.

Pocos años después, sucedió algo que me marcaría de nuevo. En L’Espluga de Francolí se celebraron los “Dos Días Internacionales de Todo Terreno”, prueba puntuable para el campeonato de Europa de la especialidad, que más tarde pasaría a llamarse Enduro. Con once o doce años, viviendo en el campo y ya con el gusanillo del motor corriendo por las venas, era inevitable quedar deslumbrado por los mejores especialistas de una modalidad, que supone la continua superación de los obstáculos que la montaña interpone en nuestro camino, y con una moto como única aliada.
Enseguida lo tuve claro. ¡Quería ser piloto!

 

Primero fue una Montesa Cota 247, compartida con mi hermano, pero el trial no era lo mío y me dedicaba a estripar por los caminos con aquella moto poco adecuada para ello. La solución fue comprar, a los 15 años y con gran esfuerzo, una vetusta Ossa cuatro velocidades. En el entorno familiar, todo se iba motorizando: los gemelos tenían dos Lobitos, Pablo, la Cota y Pedro una Ossa Enduro. El ambiente era fantástico, y no parábamos de organizar salidas y pruebas de todo tipo, donde el pique a muerte era el componente que nunca faltaba.

Se hicieron largos aquellos años hasta poder competir, pero todo llega, y el 19 de marzo del 75, con mis 18 añitos y el carnet de conducir todavía caliente, por fin debuté en competición oficial.
Fue en el Todo Terreno del Segre, y el resultado era alentador. 3º en junior y sólo 9 de los 40 que tomamos la salida, logramos acabar la prueba.

Progresivamente, me fui volcando cada vez más en las motos, aunque los tiempos no acompañaban. Llegó la gran crisis de la industria motociclista española, y yo me veía obligado a ir cambiando de marca a medida que las fábricas se me iban muriendo. ¡Que triste! Dejé los estudios y todo lo que ganaba trabajando lo invertía en mi carrera deportiva, hasta que llegó el momento de la gran decisión. Abandoné el trabajo y me dediqué 100% a las motos.
 

 

Pasé algunos años muy malos económicamente, llegaron dos subcampeonatos de España de Enduro, muchas participaciones internacionales en campeonato de Europa y los Seis Días, y, por fin, en 1987, tras trece años de lucha, logré ganar el campeonato de España de Enduro. ¡Ya era campeón!

Aquí se produjo, de nuevo, un momento importante en mi carrera, ya que Carlos Mas me contrató para ejercer la función de mochilero en su recién creado Team Camper, para el París-Dakar. Los recuerdos que guardo de aquella edición del ’88 son de dureza y sufrimientos sin límites. Lo pasé muy, muy mal, pero acabé en undécima posición, algo fantástico para un debutante.

Recuerdo que regresé con la seguridad de que odiaba a aquel continente y jurando que no volvería a perderme por allí. Pero el gusanillo de África ya circulaba por mis venas, y, aunque tardé meses en comprenderlo, estaba irremediablemente enamorado de aquel mundo tan cruel y tan afable, tan árido como acogedor, tan frío como abrasador. La tierra de los contrastes, del contacto enriquecedor con los nativos, de los olores y los sabores, pero que siempre te exige un poco de sangre para poder disfrutarla.

La época Camper duró tres años, tras los cuales tuve un parón en el Dakar de cinco años, por falta de patrocinio. Mientras tanto, me centré en los raids españoles, logrando varios subcampeonatos y, por fin, en el ’94 gané el campeonato de España de Raids sobre una KTM.

 


Inmediatamente después, Autoescuela UNI, que había decidido destinar un presupuesto al Dakar, confió en mí para llevar a cabo el proyecto. Era la oportunidad de volver a coger un tren que ya había perdido, y no la desaproveché. Con más ganas que medios, sólo con lo puesto, sin mecánico, con una KTM que aun no era fiable y con los ligamentos de una rodilla destrozados desde la tercera etapa, acabé el Dakar de mi retorno en décima posición y obtuve una buena repercusión en medios. ¡Ya volvía a estar en la pomada!

Dos años más duró el patrocinio de UNI, después, Miguel Prieto me contrató como copiloto de su Mitsubishi, lo que fue mi primera experiencia en el Dakar sobre cuatro ruedas. El año siguiente Carlos Sotelo contó conmigo para secundarle en el equipo de Antena 3.

En el 2000, participé en el Dakar como navegante de un impresionante camión Mercedes 8X8 del Team Epsilon, en la estructura de apoyo a Salvador Serviá, lo que me convertía en el primer español que hacía el Dakar en moto, coche y camión.

Con mi carrera motociclista alargada mucho más de lo prudente, decidí pasarme a los coches, pero tenía el inconveniente de no disponer en absoluto de un palmarés al volante, por lo que arriesgué mis ahorros en comprarme un Suzuki y correr la recién estrenada Copa Jimny.

Las cosas me fueron de maravilla, junto a la que fue mi copi, Clara Moreno de Borbón, logrando vencer dicha copa y obtener los resultados de que tan necesitado estaba.

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En el 2002 fui el piloto del proyecto MoviStar-Repsol, que pretendía y consiguió llevar un Seat Córdoba hasta las playas de Dakar. Mis sueños se hicieron realidad, logrando ganar la primera etapa (siendo mi debut en el Dakar sobre cuatro ruedas), encabezando la clasificación general del rally, y repetir en la tercera, en Madrid, en medio de un gran barrizal y ante el público español.

Palmarés deportivo de Fernando Gil

A nivel de competición estoy desarrollando un nuevo prototipo y simultaneamente dirijo la empresa www.xraids.es  dedicada a la organización de viajes aventura y asistencia en competición además de colaborar con www.el4x4.com