Son las 23.13. (2:13 en España) Estoy adentro de mi carpa. Se hace difícil escribir con la escasa luz que otorga la pantalla de la notebook y la que sale de esa pequeña linterna que me obsequiaron en una presentación de Peugeot. Se me complica tratar de que ilumine el teclado apuntando con la boca. Por suerte uno ya lleva años frente a un teclado y no hace falta verlo. Con poner el dedo meñique de la mano izquierda sobre la “a” ya está todo solucionado (uno de mis tantos secretos fue revelado).
El primer día en un campamento del Dakar fue realmente agotador. Más si se tiene en cuenta que hace varias horas que no duermo. Me desperté el viernes a la mañana y desde entonces estoy despierto (supongo que ni bien termine de escribir este post, el cansancio me vencerá).
El calor en el Parque Don Tomás de Santa Rosa fue tremendo. A eso se sumó una cantidad de polvo que me obligó a cubrir la máquina con papel film para que no se estropease. En cuanto a la alta temperatura, que suele hacer estragos en los procesadores, traté de mantenerla baja con un cooler pad que me compré antes de viajar.
En entusiasmo por contar todo lo que estoy viviendo y esa sensación de no poder creer aún que estoy en el Dakar hizo que cualquier rastro de sueño y/o agotamiento quedara en el fondo de las latitas de Red Bull que fui tomando durante el día. La foto que ilustra este post demuestra parte de las que fueron cayendo con el correr de las horas. En contra de lo que muchos suponen, no hubo el más mínimo rastro de taquicardia.
Como ya comenté, el día comenzó con un viaje en Hércules. Ese súper avión de la Fuerza Aérea Argentina. El ruido de su motor era tan ensordecedor y vibraba tanto que jamás me di cuenta cuando despegó de la pista de El Palomar. En eso también tuvo que ver que no teníamos referencias ya que ninguno de los 85 pasajeros tuvo la posibilidad de mirar por las pequeñas ventanas (estábamos de espaldas a ellas o, en el mejor de los casos, de frente pero con una visibilidad escasa).
Ni bien llegamos al campamento, armamos las carpas. Yo pensé que iba a ser difícil ya que nunca había armado una. Pero sólo me bastó seguir los movimientos de otros colegas para poder construir mi pequeño castillo. Otros cuentan con esas famosas carpas que se arman en dos segundos, pero que tienen fama de ser complicadas para desarmarlas. Mañana lo veremos…
El día terminó con una cena en el restaurante. Hubo una empanada frita de entrada y una buena porción de vacío con ensalada de choclo y zanahoria. Todo regado con una Quílmes bien helada. De postre, un sundae de frutilla.
Mientras yo estoy escribiendo esto se escucha el sonido del motor de los camiones que se aprestan a salir rumbo a Puerto Madryn. Imagino que ya terminaron de levantar las oficinas de prensa, que deben ser montadas en el otro campamento.
Es todo por hoy. Nos vemos mañana. A las 5 comienza otra historia de esta Aventura Dakar.
PD 1: Gracias a todos por los comentarios y mails recibidos en este día. En especial quiero agradecer a dos personas que me apoyan en todas mis locuras.
PD 2: Recuerden que este blog tiene un cartelito que no se ve, pero que existe. Dice “su pregunta no molesta”. Dejen comentarios con sus consultas Aquí Añadir nuevo comentario al artículo Trataré de contestar todas.