Duró poco. Y no fue una sorpresa. Era algo que estaba previsto. Con sólo 1.000 kilómetros de pruebas -la mayoría acumulados en el viaje de Córdoba a Buenos Aires- era casi un hecho que el prototipo construido por Leo Monti y manejando por Patxi Otaño tenia todas las de perder. Ya en la primera etapa, habían llegado a Santa Rosa pasada la medianoche por la rotura de la quinta marcha y un inconveniente en un amortiguador. Después de reparar el vehículo durante las primeras horas del domingo, la tripulación encaró la segunda etapa con la idea de seguir acumulando experiencia. Lamentablemente, esta vez fue un brazo de suspensión el que dejó tirados al equipo Otaño-Monti a la vera del camino. Nunca llegaron a Puerto Madryn. Cansados de tanto lidiar, el equipo de asistencia fue a auxiliarlos. Y de ahí emprendieron el regreso hacia Córdoba, donde se los esperaba por la noche. Una lástima.