Atrás quedó Santa Rosa. Nos levantamos a las 4 de la mañana. Las pocas horas de sueño fueron un poco entretenidas. Primero por la gran cantidad de fuegos artificiales que usaron los pampeanos para despedir al Dakar de su capital, luego por los grupos electrógenos que jamás dejaron de funcionar. Hasta hubo un grito deseperado que hizo despertar a más de uno. "¡Noooooo, me pisaaaaassssss", fueron las palabras que salieron de la boca de alguien que eligió ponerse cerca del acceso que usaban los vehículos de la organización. Por suerte sólo fue un susto.
Después de intercambiar experiencias de esta primera noche a puro Dakar -y agradecer el haber elegido un buen lugar para apostarnos-, desarmamos las carpas y nos fuimos a desayunar. Dejamos el campamento a las 5 y partimos al aeropuerto para tomarnos un Hércules que nos trajo a Puerto Madryn. El viaje duró una hora y cuarenta (quién diría que ya tengo tres horas de vuelo sobre estos impresionantes y ruidosos aviones).
Otro micro nos depositó en el segundo bivouac, pero esta vez no acampamos. La idea es salir para Jacobacci a las 23 en un ómnibus que viajará toda la noche. La carpa de prensa tardó mucho en llegar. Como estaba tan retrasada nos dieron "la mañana libre". Algunos periodistas fueron a recorrer la ciudad, otros a enviar material aprovechando que tendrían una mejor conexión. Mientras que algunos colegas y yo optamos por quedarnos e improvisar una sala de prensa.
Elegimos una de las habitaciones de un viejo hangar, era la única que tenía electricidad. Aquí trajimos los bolsos y conectamos los notebook. Me fue imposible hacer andar el módem de Claro, aunque hasta ahora nada parece detener al Snappler, que me permite postear con el teléfono. Sólo Martín Urruty de Olé fue el privilegiado con conexión gracias a Personal.
Aproveché para ducharme y sacarme la tierra de Santa Rosa para poder pegarme tranquilo la tierra de Puerto Madryn. ¿No pensaron estos muchachos lo lindo que sería hacer un Dakar sobre pavimento?
Cansado de limpiar la computadora con una franela le puse tres capas de film. Quedó pintoresca, parece recién salida del supermercado. Sólo le falta tener el código de barra con el precio.
Aquí nadie para un minuto. Están todos a mil y ese ritmo contagia. Sin embargo, el cuerpo ya está mostrando las huellas de estas agotadoras jornadas, que a veces resultan estresantes ante la imposibilidad de tener un buen acceso a la red. Pero mañana promete ser peor. En Jacobacci no hay ni señal para celular y la única manera de comunicarse es con un teléfono satelite que tiene un coste de unos 15 dólares el minuto.
ASO ofrece un acceso a Internet, pero también es extremadamente caro: 4 euros los 100 k de transmisión. Yo confío en todo mi equipamiento, que será motivo de un post exclusivo. Mientras tanto, como dice Etienne Lavigne, "viva el Dakar" (aunque él duerme en el lujoso motorhome que habitualmente usa Mariano Werner en el Turismo Carretera)…
PD: Por las razones anteriormente expuestas, las preguntas y consultas estimo contestarlas recién el martes... ");document.write("");document.write(""); document.write("");